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Pese a la flexibilización de encajes para impulsar la actividad, el financiamiento sigue caro y el crédito al sector privado se estanca, en un contexto de mora récord e incertidumbre que empuja a los bancos a financiar al Tesoro antes que a empresas y familias.
El gobierno flexibilizó los encajes en marzo y abril en su búsqueda por reactivar el nivel de actividad: aumentar la liquidez de los bancos comerciales podría ayudar a bajar las tasas de interés, incrementando el crédito a las empresas y las familias. En este marco, la relación entre las cuentas corrientes de los bancos en el Banco Central y los depósitos a la vista volvió a los niveles del primer semestre del año pasado (15,8% y 16%).
Sin embargo, la mayor disponibilidad de efectivo no relajó el costo del financiamiento: en tanto que las tasas de adelantos se redujeron 2 puntos porcentuales (de 28,5% a 26,5%) en el último mes, las de préstamos personales se mantuvieron por encima del 65%. La irregularidad de cartera está en sus mayores niveles de los últimos veinte años, a la vez que casi se cuadruplicó en el último año: la incertidumbre sobre la capacidad de repago del sector privado en un contexto de caída de ventas, márgenes y salario real modera el eventual efecto expansivo que podría tener la baja de tasas. Asimismo, la volatilidad nominal y la reciente aceleración inflacionaria desincentiva a prestar a tasa fija a plazos largos.
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En lugar de ser un motor para el crédito al sector privado, la liberación de encajes está aumentando el “financiamiento neto” al Tesoro Nacional. En lo que va del año, el Palacio de Hacienda colocó 75 billones de deuda en pesos, 9 billones más que sus vencimientos. El complemento de la flexibilización de encajes viene siendo la expansión vía compra de divisas en el mercado de cambios oficial, atenuada en parte por las intervenciones del Banco Central en el mercado de títulos dollar linked (las ventas de bonos retiran pesos del mercado).
El avance de la nominalidad y la incertidumbre de los últimos meses aumentó la demanda de activos a tasa y capital variable por sobre aquellos de tasa fija. En enero y febrero, 1 de cada 2 pesos que colocó el Estado Nacional fueron mediante LECAP y BONCAP. En cambio, en marzo y abril este número se redujo al 40%, reflejando el mayor apetito por instrumentos que permitan cubrirse frente a eventuales aceleraciones inflacionarias. Vale notar que este cambio ayudó al Estado Nacional a estirar sus plazos de colocación: de 120 días en enero y febrero a más de un año en abril y marzo.
En este escenario de mayor cobertura y actitudes defensivas por parte de los bancos, el crédito al sector privado permaneció estancado en abril y acumuló una caída de 3% en el primer cuatrimestre de 2026. En un marco de caída del gasto del Estado Nacional (-5% i.a. entre enero y marzo), salario real privado registrado (-2% en enero y febrero) y destrucción de 7.000 puestos de trabajo asalariados en enero -último dato disponible-, la relajación del costo del crédito podía ser una buena apuesta para la recuperación de la demanda interna. Sin embargo, en un contexto de mora récord y volatilidad nominal, la estrategia no parece estar siendo muy efectiva.
Para leer el informe completo y acceder a otros documentos elaborados por la Gerencia de Estudios Económicos de Banco Provincia ingresá aquí.
FUENTE: https://www.bancoprovincia.com.ar/Noticias/3158