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La fuerte contracción de febrero dejó a la actividad en niveles críticos y puso en duda el rebote esperado para 2026. Con salarios reales y empleo en caída, poco margen fiscal y un crédito que no despega, la recuperación dependerá de señales macro que aún no aparecen.
El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) cayó 2,6% mensual en febrero: excluyendo la pandemia, estamos frente a la quinta peor contracción desde 2004. Las anteriores fueron diciembre de 2008 (-4%), abril de 2018 (-2,9%), septiembre de 2019 (-2,9%) y diciembre de 2023 (-2,6%). El deterioro de febrero, entonces, tuvo un impacto de corto plazo asimilable a la crisis financiera internacional de 2008 o devaluaciones con ajuste fiscal.
Según nuestra propia estimación realizada en base a los números provistos por INDEC, la mayor parte de la caída se concentró en la producción de bienes (-4,4%), en tanto que la de servicios retrocedió 0,5% durante febrero. Este mayor deterioro relativo se explica por la flexibilización importadora en un contexto, no solo de apreciación cambiaria, sino también de aumento de los costos logísticos, volatilidad de la demanda y un mundo que se cierra.
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La participación de las importaciones de bienes finales (bienes de consumo y vehículos livianos) representó 24,5% de la canasta importadora en los últimos doce meses. De esta forma, quedó por encima del promedio 1993-2001 (+22,8%) y de 2016-2019 (22,7%). En este marco, sobresale que las compras al exterior de bienes finales saltaron 80% entre 2023 y los últimos doce meses, en tanto que las de insumos productivos (bienes intermedios y piezas y accesorios para bienes de capital) se redujeron 25%. Así, se está evidenciando una sustitución de producción local por producción importada.
Con la caída de febrero (-2,6%), el nivel de actividad quedó 0,4% por debajo del promedio de 2025. De esta forma, el arrastre estadístico de 2026 pasó de +2,2% a -0,2%. Si la economía agregada no da señales de mejora en los próximos meses, el PBI podría cerrar el año en terreno negativo, algo que hasta hace unos meses parecía poco probable.
Entre agosto 2025 y febrero 2026, último dato disponible, los salarios privados registrados cayeron 3,6% en términos reales. En la misma clave, hasta enero de 2026 se habían destruido casi 100.000 puestos de trabajo formales. Así, la masa salarial y su impacto en el consumo no será un driver de una eventual recuperación. En simultáneo, en un contexto donde los recursos del Gobierno Nacional retrocedieron 5% interanual en términos reales durante el primer trimestre, los márgenes para ampliar el gasto público también son acotados.
La política elegida para reactivar la actividad (además de la apreciación cambiaria) es la monetaria: las dos relajaciones de encajes llevaron las tasas de interés de la zona del 30% nominal anual a la del 22,5%, en la búsqueda por abaratar el crédito e impulsar así su demanda. Sin embargo, en el último mes, los préstamos a las familias y las empresas casi no crecieron en términos reales (+2,3% y +2,1% nominal) y por ahora no servirían para el rebote. Con tanta mora y volatilidad de tasas, ¿servirá el crédito para reactivar la economía?
Para leer el informe completo y acceder a otros documentos elaborados por la Gerencia de Estudios Económicos de Banco Provincia ingresá aquí.
FUENTE: https://www.bancoprovincia.com.ar/Noticias/3144