“Yo me adapto a las cosas, lo estoy pasando con mi hijo y su
novia, con lo cual tengo frescura”, dijo en relación a cómo vive la cuarentena
y agregó: “Somos agradecidos porque hay gente que la está pasando muy mal, eso
me angustia mucho”.
Cuestionó la reacción de parte de la sociedad que deja de
aplaudir a los médicos y se moviliza en contra de las decisiones del gobierno
para proteger la salud o a favor de causas como Vicentín: “No entiendo a una persona
cuidando y protegiendo los intereses de una empresa que nos estafa. La semana
pasada, el lugar en el que vivo el cacerolazo duró 15 minutos con una
brutalidad hasta agresiva y me preguntaba por qué, porque se trata de Palermo,
no es Avenida Alvear ni Recoleta, viven distintos tipos de personas. Los
aplausos a los médicos ya no se hacen, es brutal”.
La actriz también repudió “el horror de las escuchas, de los
videos, las fotos y las pinchaduras telefónicas” y advirtió: “Mientras pasa eso
que nadie publica, tenemos protestas contra la cuarentena, es ridículo. Siento
que se está atropellando a un gobierno por la oposición que potencia el
gorilismo desde siempre”.
Sobre su vida en España, indicó: “Cuando llegué tenía 19
años y extrañaba todo. Después empecé a estudiar teatro y me cambió la vida, me
puse de novio con un chico que me gustaba e hice muchos amigos y amigas. Ellos
me sacaron el dolor de la despedida, por 10 años estuve en Madrid y me olvidé a
propósito de la Argentina”.
“Después de 10 años, después del rompimiento de una relación
amorosa, estaba triste, me había ido a vivir a la casa de mis padres a los 29
años. Mi papá me dijo que me fuera a la Argentina 20 días. Vine y me volví
loca, empecé a sentir que había un paréntesis que no había cerrado”.
Sobre Pedro Almodóvar, dijo: “Desde los 19 hasta los 28 años
viví en España como una española más. Empecé a estudiar y a trabajar, tuve
mucha suerte porque en la primera audición me tomaron. A Pedro lo conocí o en
San Sebastián ese año o en Madrid en una comida con amigos comunes, no lo
tenemos claro”.
“Pedro desarrolla vínculos muy profundos con sus actores y
actrices, que trascienden la película. Pienso que él elige gente que conoce,
que sabe que lo puede entender, que no va a ser un lío dirigir y que va a ser
un placer estar juntos en el proyecto”, significó la actriz.
Sobre su regreso a Buenos Aires reveló: “Volví a sentir los olores
a infancia. Me dio una depresión total, era 1985, acabábamos de salir de la
dictadura más cruenta, veía todo marrón porque venía de una España de colores,
pero me producía un acercamiento tan carnal que me impactó. En Buenos Aires empecé
a hablar con mi lengua, me volví a reconocer. Fue muy fuerte, tanto que el 18
(tenía que volver a Madrid el 20) me llamaron y era Herminia Avellaneda para
ofrecerme un protagónico. ¡Me salvó la vida!”
En relación a Adolfo Aristarain consideró que “estoy segura
de que va a volver a filmar porque es un director de cine extraordinario, con
una mirada sobre la vida y la humanidad que aparece en todas sus películas, es
un poco pesimista pero tan inteligente y tan honesto en su cine”.
Por último habló de su papel en Kamchatka y admitió: “Pude
contar en esa película mucho de lo que sentí en mi vida personal. Tocaba la
parte menos resuelta de cada uno. Cuando se habla de lo que pasó no puedo
evitar que me lleve a un lugar de dolor muy profundo cuando está contado desde
la verdad y así fue en esa película. Fue un rodaje maravilloso y difícil y
Ricardo Darín fue mi psiquiatra todo el tiempo. Recuerdo el rodaje en Tandil,
tengo recueros hermosos de Kamchatka. La vi hace poco, me cuesta ver mis
películas porque soy muy crítica de mi”.
“Me enamoró el libro y en la filmación estaba todo el
tiempo pegada a la época. Cuando mi hijo vio la película tenía 9 años y me
preguntó si eso le había pasado a los abuelos. Sentí que era una película
perfecta”.
M. Torres
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