Si la inflación baja, ¿los ingresos se recuperan?

Aunque la desaceleración de la inflación se consolida en el corto plazo, la mejora en los ingresos reales y en la actividad económica aún no está garantizada, en un contexto donde las expectativas, el dólar y las tarifas seguirán siendo variables clave.

La inflación promedió 2,5% en el último trimestre del año pasado y 3% en el arranque de 2026. Sin embargo, en abril bajó a 2,3%, en mayo a 2,1%, a la vez que en junio podría quedar debajo de 2%. En este contexto aparecen dos preguntas: ¿hasta dónde seguirá la desaceleración de la suba de precios? ¿traerá buenas noticias en materia de economía real? 

La baja de la inflación se explicó principalmente por la moderación de servicios públicos, que pasó de más de 5% de promedio mensual en el primer trimestre a cerca de 3% en abril-mayo. Por lo tanto, para que la suba de precios siga cediendo será clave que las tarifas de luz, gas y agua no vuelvan a saltar -algo que no pasaría hasta septiembre-. Por su parte, la dinámica de transporte público también debería moderarse, pero considerando que la inflación bajó a pesar de los ajustes de los últimos meses (+4% en mayo, por caso), evidentemente no es condición necesaria. 

En segundo lugar, resalta que, en absolutamente todos los meses de este año, la canasta de bienes subió menos que el nivel general (+13,2% y +14,7% acumulado enero-mayo). Un tipo de cambio nominal que retrocedió 3,5% en los primeros cinco meses del año -el dólar cerró 2025 en 1.460 pesos y mayo en 1.410- explica cómo pudieron convivir una inflación de servicios por encima de la de bienes, sin que los productores de estos resignaran márgenes de manera constante. 

Ahora bien, en junio el escenario se modificó, y el dólar trepó 3% en la primera mitad del mes. Aunque la inflación no se aceleró por ahora -conforme a nuestro IPC Semanal, promedia 2% en las últimas cuatro semanas-, esto podría traer algunos vaivenes en el próximo tiempo. En este sentido, vale destacar que las expectativas del mercado de bonos se ubican levemente por encima de 1,5% para los próximos seis meses, quedando por encima del objetivo del equipo económico. En la misma línea, las letras a tasa fija rinden alrededor de 2% mensual hasta noviembre, de modo que, si la suba de precios se desacelerara sensiblemente, el costo financiero del Tesoro se incrementaría, también de manera sensible. 

En síntesis, la baja de la inflación no necesariamente tendría un rebote en el corto plazo, pero tampoco pareciera ser un escenario de “consolidación definitiva”: las expectativas, variable clave para la formación de precios, se ubican entre 1,5 y 2% para la segunda mitad del año. 

El salario real privado registrado cayó más de 3% en el primer trimestre de 2026, y se recuperó 1,4% en abril, quedando 2% por debajo del cierre del año pasado. Hacia adelante, será clave que las paritarias dejen de ser la principal ancla del programa antiinflacionario: caso contrario, será difícil que el poder adquisitivo rebote de manera sostenida, y con él la demanda interna. 

En resumen, la inflación bajó en marzo y abril, y es probable que en junio se repita la caída. No obstante, esto no implica, necesariamente, recuperación del poder adquisitivo ni de la demanda interna. Por el contrario, la industria, la construcción y el comercio habrían seguido con números magros, incluso en un escenario de mayor estabilidad de precios. Hacia adelante, será clave seguir la dinámica del dólar y las tarifas: sin tregua en este frente, la baja de la inflación tardará más en consolidarse. 

Para leer el informe completo y acceder a otros documentos de la Gerencia de Estudios Económicos de Banco Provincia, ingresá aquí 

FUENTE: https://www.bancoprovincia.com.ar/Noticias/3206

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