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Aunque el ingreso de dólares del agro y el fuerte salto del sector energético sostuvieron las compras del Banco Central, la menor actividad industrial resultó clave: la caída de la producción redujo la demanda de divisas y aportó cerca del 50% de la mejora del balance cambiario en lo que va del año.
El Banco Central compró poco más de USD 10.000 millones entre enero y la primera mitad de junio de este año, alcanzando su mayor registro histórico, solo detrás de 2024. En tanto que la venta de divisas del sector agropecuario se mantuvo en línea con su media histórica (USD +10.000 millones entre enero y abril, último dato publicado por el Banco Central), el sector energético saltó de poco más de USD 1.000 millones en 2012-2023 a USD 8.000 millones este año. Hasta acá lo conocido.
Menos citado es que el sector industrial también fue un aliado del Banco Central en este frente: pasó de demandar USD 4.000 millones en el promedio 2012-2023 a la mitad (USD -2.000 millones) en 2026. El Índice de Producción Industrial (IPI) se redujo 5% entre el primer cuatrimestre de este año y la media de 2020-2023 (-11,5% respecto del primer semestre de 2023), contrayendo así sus necesidades de producción y por tanto su demanda de divisas. Considerando que el saldo cambiario del primer cuatrimestre pasó de USD -1.000 millones a USD +4.000 millones entre ambos períodos, podemos afirmar que las menores necesidades de la producción manufacturera explicaron casi la mitad de la mejora del balance cambiario.
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En este marco, vale destacar que la flexibilización de los controles de cambios a las personas humanas restó USD 10.000 millones en el comparativo (USD -2.000 millones vs. USD -12.000 millones), a la vez que la mejora de USD 2.000 millones del saldo de “resto” (principalmente explicado por el sector Informático y de Entretenimiento) ayudando a la posición de la autoridad monetaria. La mejora agregada, entonces, se explica por el desarrollo del sector energético y minero más el deterioro de la industria, a la vez que es matizada por la flexibilización de la compra de dólares para ahorro.
La dualidad permanente no solo se verifica entre sectores de la economía, sino también hacia el interior de estos. La contracción de 11,5% de la actividad industrial (IPI) respecto de la primera mitad de 2023 no es el único dato relevante: la amplitud entre rubros -es decir, la diferencia entre el que más y el que menos produjo- salto de 20 puntos índice en el promedio 2023 a más del doble (45) en 2026. La heterogeneidad intra sectorial también es un rasgo de este modelo.
Los sectores más afectados no tienen un patrón claro: la industria textil lidera la caída con -22%, seguida de maquinaria y equipo, industria automotriz y caucho y plástico: rubros livianos y con alta demanda de empleo por unidad de capital conviven con sectores pesados y más intensivos en maquinaria. En el mismo sentido, sectores que producen bienes finales coexisten con otros del segmento intermedio. Entre otras cosas, esto sugiere que la ausencia de política productiva explica una parte de la crisis del sector: caso contrario, debería poder encontrarse ciertos rasgos comunes entre los más afectados.
Para leer el informe completo y acceder a otros documentos elaborados por la Gerencia de Estudios Económicos de Banco Provincia ingresá aquí.
FUENTE: https://www.bancoprovincia.com.ar/Noticias/3198