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Aunque la inflación sigue desacelerándose y se ubicaría por debajo del 2% mensual por segundo mes consecutivo, las tasas de interés permanecen estables. Qué explica esta dinámica y por qué el crédito para las PyMEs podría no abaratarse en el corto plazo.
La inflación se desaceleró en junio, y perforó el 2% mensual por primera vez desde agosto del año pasado. En julio, conforme a nuestras mediciones preliminares, la tendencia se habría mantenido, y la suba de precios cerraría por debajo del 2%.
Sin embargo, a pesar de la moderación nominal, las tasas de interés no bajan. Por caso, la TAMAR (tasa de referencia para depósitos del mercado mayorista) pasó de 23,4% en abril y 22,8% en mayo a 22,3% en junio, nivel donde permanece actualmente. En el mismo sentido, el costo de los adelantos de cuenta corriente se mantuvo en torno del 25,5%. Como resultado, los giros en descubierto pasaron de una tasa real (tasa de interés nominal descontada inflación) de -1% en marzo y -0,4% en abril a +0,4% en julio.
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La mayor estabilidad de precios trajo, en consecuencia, una suba de las tasas reales, y un encarecimiento del crédito a las empresas. En este contexto, entonces, la pregunta es si el crédito se abaratará, o si, por el contrario, la dinámica de los precios seguirá disociada de la de las tasas.
En el sistema actual, las tasas son endógenas: el Banco Central fija como objetivo la cantidad de dinero, y el costo de financiamiento sube o baja en función de que sus incrementos y reducciones: si hay mucha liquidez, por caso, los bancos tienen “exceso de oferta de fondos”, y prestan más barato. Al revés, los pesos se encarecen cuando son escasos, de modo que lo que hay que pensar para determinar cómo seguirán las tasas son las fuentes de expansión de los agregados monetarios.
En lo que va del año, el Banco Central emitió 7,5 billones de pesos para comprar dólares en el mercado oficial, a la vez que el Tesoro Nacional retiró 12 billones por sus “colocaciones netas positivas” por emisiones de deuda en moneda local. Así, el Palacio de Hacienda más que absorbió los pesos que se creaban para acumular reservas. Como resultado, los agregados monetarios no crecieron y la tasa de interés en pesos no bajó.
En otro orden, vale destacar que el Banco Central empezó a vender posiciones en los mercados cambiarios de futuros -Rofex y bonos dollar linked-, con un efecto monetario contractivo: el cambio de “pesos líquidos” por títulos restringe la liquidez. Esta decisión también impacta sobre las tasas: la autoridad monetaria retiró casi un cuarto de los billetes y monedas en circulación mediante sus intervenciones en estos mercados, explicando parte de los ajustes de tasas de las últimas semanas -principalmente a fines de junio-.
El escenario de las tasas dependerá, hacia adelante, de qué pase con la oferta de pesos, fuertemente condicionado en este contexto por i) la posición del Banco Central en el mercado cambiario y ii) las colocaciones de deuda del Tesoro. En relación con el primero, la demanda relativa de dólares suele aumentar en la segunda parte del año, producto de las menores ventas estacionales del sector agropecuario y mayores necesidades de importación hacia la época de fiestas.
Respecto de la segunda, los depósitos del Ministerio de Economía en el Banco Central, principal colchón de liquidez para enfrentar eventuales vencimientos de deuda no sustituidos por nuevas colocaciones, se ubican en mínimos desde marzo de este año. Por lo tanto, se redujo el margen del Palacio de Hacienda para no refinanciar sus obligaciones en el mercado. En este escenario, ambos factores conducen al mismo punto: las tasas nominales no caerán significativamente en el corto plazo.
La baja de la inflación se mantendría en julio. La baja de tasas, todavía, no llegará. Menos inflación, más costo real del crédito.
Para leer el informe completo y acceder a otros documentos de la Gerencia de Estudios Económicos de Banco Provincia, ingresá aquí
FUENTE: https://www.bancoprovincia.com.ar/Noticias/3240