EL FERROCLUB ARGENTINO REÚNE A PERSONAS DE DISTINTAS GENERACIONES

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Matías Marsicano, secretario de la sede Lynch del Ferroclub Argentino, contó la historia de la entidad que se dedica a restaurar trenes viejos y abandonados para luego dar visitas y paseos.

«Es una asociación civil sin fines de lucro que se fundó en 1972 con la idea de acceder a lugares no abiertos al público y empiezan a notar la necesidad de preservar la historia».

La vinculada a los ferrocarriles «es material es de todos y estaba quedando abandonado o destruido, por eso después de 51 años el Ferroclub logra tener tres sedes: en Tres de Febrero, en Lanús y Tolosa, La Plata», señaló el entrevistado, al tiempo que describió que las actividades se realizan «como un voluntariado, hacemos estas cosas en nuestro tiempo libre».

En su caso, «trabajo en sistemas, infraestructura e informática, nada que ver con los ferrocarriles» y así ocurre con la mayoría de quienes forman parte: se dedican a diferentes cosas pero «las une el interés de aprender».

«El Ferroclub es como una escuela de oficio pero no lineal porque nos permite aprender» y es un espacio donde «conviven personas jóvenes y jubilados que se van pasando la información, hay un ambiente de camaradería», afirmó.

(RP)

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